De punta a punta de mi ser, cansancio. Tuve que convencer a mi cuerpo de que había de erguirse para seguir caminando el otras veces escaso trecho que me separaba del descanso de la cama conocida. Levántate, sigue andando, camina, un pie tras otro…
Penoso arrastrar.
Intuía el entumecimiento de mañana, el mismo que probablemente se quedará conmigo algún dia más como recordatorio de esa conversación con mi cuerpo. Levántate, sigue andando, camina, un pie tras otro…
Mis pies respondieron, anestesiándose bajo el ala de la juventud. La ciudad aún estaba despierta, pero mi andar era el de muchas horas y en mi cabeza la noche era cerrada.
Llegué a la meta de mis ambiciones sobrecogida por un pensamiento alimentado a lo largo de los años: Qué poderosa máquina es el cuerpo humano.
Al fin acabé sentada de espaldas a la cama escribiendo estupideces, sorprendida de que mis brazos aún respondiesen.

Como el cansancio solo me permite hablar de si mismo, dejo aqui una foto que, cariñosamente, podríamos llamar: AUTORRETRATO EN FRUTERO. Mezcla pues de bodegón clásico y egocéntrico enfoque.